De Lima a La Plata: visita a la Facultad de un ilustre egresado de la casa
El martes 18 de marzo hemos recibido en Decanato al Ingeniero Agrónomo, recibido en nuestra Facultad en el año 1956, Cesar Augusto Pastor Cáceres, nacido el 23 de mayo de 1925 en el Callao (Provincia Constitucional del Perú).
Según sus palabras, “en marzo de 1949, y ante los continuos conflictos políticos que se suscitaban (como siempre), mi madre me mandó a estudiar a Argentina. A fines de ese mes me matriculé en la prestigiosa Facultad de Agronomía de la renombrada Universidad Nacional de La Plata, llevándome una fuerte impresión ante el majestuoso edificio de la facultad (arquitectura europea).”
Además, recordó lo siguiente “al matricularme, pagué por la inscripción, la matrícula y adelanté el pago de varios meses. En julio de ese mismo año, me citaron en tesorería y me devolvieron lo aportado, porque el presidente Juan Domingo Perón había ordenado que, a partir de ese año, la educación sería totalmente gratuita en Argentina.”
En otro repaso de su vida por la Facultad expresó “mi reconocimiento profundo a la Facultad de Agronomía y a la Universidad de La Plata, donde llegué cual piedra bruta y salí tallado profesionalmente. Dejé Argentina convertido en Ingeniero Agrónomo, agradecido por estudiar gratuitamente y habiéndoseme tratado durante mi estadía como si fuese nativo.”
Nos contó que “de regreso a Perú trabajé en el Estado, en los cargos de agente de extensión agrícola, agente de crédito agrícola supervisado, agente de transferencia de tecnología y en el Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social (SINAMOS) viajando por casi todo el Perú. Me jubilé en diciembre de 1983. Junto a otros compañeros, fundamos la Asociación Nacional de Pensionistas y Jubilados del Sector Agrario (ANPESA), de la cual fui el primer presidente.”
Finalizó expresando “aprovecho para reconocer y agradecer la gentileza que ha tenido el Decano de la Facultad, el Ingeniero Ricardo Andreau quien, estando muy ocupado, se dio el tiempo de recibirme y conversar ampliamente conmigo.”
El ilustre colega se despidió con la siguiente reflexión: “a un par de meses de cumplir mi primer centenario de vida, puedo decir: “La belleza no tendría valor si no hubiese quien la admirase”.